El sabor de nuestra tierra

Vino de Galicia

Historia del vino en Galicia

Se producen vinos en las 4 provincias gallegas

Se han encontrado algunos restos arqueológicos que soportan la teoría de que anteriormente al año 1000 a.c. ya se cultivaba la vid en algunas zonas de la península Ibérica. A partir de los primeros asentamientos romanos, el culto a la vid y al vino, se empieza a extender como gota de aceite por toda la Península. Existen evidencias del desarrollo integral del cultivo de uva destinada a la elaboración de vino en provincias romanas muy distantes, como Tarraco y Bética. A medida que las urbes empezaban a crecer, las necesidades de alimento se multiplicaron, por lo que era necesario poner más tierras en producción. Conjuntamente se comenzaron a desarrollar viñedos para abastecer a la creciente población y también creciente demanda de vino.

Los primeros viticultores comenzaron a mejorar sus técnicas de cultivo, cruzando variedades, seleccionando plantas y comerciando con otras zonas productoras, persiguiendo tener una producción más estable en cuanto a calidad y cantidad. Todo ello contribuyó a constituir, con el paso del tiempo, un amplio patrimonio vitícola.

El origen de las primeras cepas de vid en Galicia, es más impreciso. Galicia, por su localización y dificultad para llegar por tierra, tuvo menor influencia del exterior, lo cual fue positivo para el vino gallego de entonces, pues estuvo prácticamente exenta de la plaga conocida más importante que haya afectado a la vid, que entró en la península ibérica procedente de América hacia finales del S XIX, conocida como Filoxera, la cual se extendía por la tierra acabando con las plantas desde las raíces hasta las hojas. Estas circunstancias, adversas a nivel peninsular, fueron positivas (ventajas se repite)” para el desarrollo del vino de Galicia, dado la baja incidencia que tuvo en sus viñedos. Esta baja incidencia favoreció  la preservación del arcaico patrimonio vitícola, que hoy en día constituye una gran ventaja competitiva para la industria del vino gallego que, además de ser ingrediente clave para elaborar magníficos caldos, ayuda a producir vinos diferentes y sin competencia fuera de Galicia. Este patrimonio vitícola es el más rico en términos de variedades de España, y, sin ninguna duda, de los más ricos a nivel internacional, siguiendo de cerca al portugués, griego e italiano.

En Galicia, hay un censo de cerca de 500 bodegas repartidas en 5 DO´s (Denominaciones de Origen) y 3 IGPs (Indicaciones Geográficas Protegidas) que cubren una superficie de más de 10,000 Has. en 20,000 [1]pequeñas parcelas trabajadas por casi 17,000 viticultores. La producción anual está cercana a los 60 millones de kilos.

En la actualidad, se producen vinos en las 4 provincias gallegas, siendo la producción más intensa en las zonas más meridionales de Pontevedra, Lugo y Ourense, y algo menor en la provincia de A Coruña y otras zonas de las provincias antes citadas.

Todas estas zonas productoras, se dividen en 5 Denominaciones de Origen (DO): Rías Baixas, Ribeiro, Valdeorras, Monterrei y Ribeira Sacra. Asimismo, en los últimos años se han constituído 4 Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP). Las IGP para el vino en Galicia en cuestión, son: Barbanza e Iria, Betanzos, Val do Miño y Ribeiras do Morrazo.

A su vez, algunas Denominaciones, por su extensión y peculiaridades especiales de cada zona dentro del área de la propia Denominación, se dividen en subzonas. Este es el caso de la Denominación de Origen Rías Baixas, cuyas subzonas son O Rosal, Salnés, Soutomaior, Condado y Ribeira do Ulla (esta última agrgada en el año 2000, y formada por 3 ayuntamientos que pertenecen a la Coruña y que son limítrofes con la provincia de Pontevedra. Igualmente se divide en subzonas la Denominación de Origen Ribeira Sacra, y son: Amandi, Quiroga-Bei, Ribeiras do Sil, Ribeiras do Miño y Chantada. Por último, la Denominación de Origen Monterrei cuenta con dos subzonas: Valle de Monterrei y Ladera de Monterrei.

La zona productora de vino con más solera en Galicia, es el Ribeiro (“orilla del río” en castellano), creada en 1933 y formalizada como una DO con su órgano de control en 1957. Ya los romanos empezaron a construir los primeros bancales a orillas de los ríos Miño, Avia, Arnoia y Barbantiño. Pronto descubrieron el potencial que tenían los vinos de esta zona en una industria incipiente con unas técnicas productivas todavía arcaicas.

Esta denominación pasó por altibajos, destacando los S XVI y S XVII cuando se convirtieron en el principal suministrador de vino a las 4 provincias gallegas, y pasaron a ser el vino “oficial” de casas de comidas y tabernas: Ribeiro, principalmente tinto. A través del comercio marítimo, surtían a los primeros buques transoceánicos. El clima, suelo y variedades de la comarca del Ribeiro, ayudaron a forjar una marca a nivel internacional por el perfume, frescor y equilibrio de sus vinos, donde la acidez solía estar marcada, otorgándole a los caldos mayor longevidad. La industria vinícola gallega se empezaba a consolidar.

Hoy en día en el Ribeiro, la producción está dominada por vinos blancos, muchos de ellos plurivarietales, que hoy por hoy suponen cerca del 90% de la producción (recordemos que en los años de mayor preponderancia de esta DO en el S XVII-S XVIII eran los tintos los que predominaban en esa zona).

La conjunción del especial clima gallego, la distinción y variedad de sus suelos y, sobre todo, la amplitud de especies de vides y uvas autóctonas y aún presentes hoy en Galicia, forman un terruño único y amplísimo, dominada en la actualidad por vinos blancos. Cabe destacar, por su producción en litros, los vinos principalmente monovarietales de albariño de la DO Rías Baixas y los godellos de Valdeorras y Monterrei, los cuales conquistan cada vez más los mercados internacionales, donde suele haber más fácil acogida a vinos elaborados con una sola uva, o elaborados mayoritariamente por una sola variedad, ya que esta peculiaridad los hace más fácilmente comparables.

Con respecto a los vinos tintos, es frecuente encontrar vinos brillantes, de capa baja, es decir, con poco color, siempre y cuando hablemos de variedades nobles (excluimos de esta afirmación los vinos rústicos procedentes de variedades híbridas frecuentes en el valle del Salnés, como los de Barrantes). Podemos encontrar vinos con más cuerpo, capa, estructura y tanino con mejores aptitudes para envejecimiento en barrica en zonas más secas, hacia el interior, con clima de influencia continental, como en Valdeorras, Monterrei y algunas zonas Ribeira Sacra, donde se elaboran auténticas joyas a partir de las uvas mencía, sousón, caiño tinto y brancellao.

La identidad de los vinos gallegos viene marcada, en mayor o menor medida, por el clima atlántico, con suaves cambios de temperatura y altas pluviometrías. Lo cual marca mucho el estilo de los vinos, descubriendo muchas veces vinos con aromas delicados, perfumados, florales y con acidez marcada, lo cual hace que estos caldos se disfruten mejor en aperitivos, degustándose solos, e incluso creciendo gracias a una crianza en botella.

La categoría de vinos rosados en Galicia, apenas está contemplada en los reglamentos de las DOs, ocupando esa categoría los vinos tintos más ligeros. Hacia finales del anterior milenio, se empezaron a elaborar vinos espumosos en el Ribeiro, inspirados -quizás- por los espumosos del norte de Portugal. Hoy en días, casi 12 bodegas en Rías Baixas elaboran sus vinos espumosos y otras tantas entre Ribeiro y Valdeorras, donde cabe citar la elaboración de algunos espumosos rosados.

Las principales uvas que podemos encontrar en Galicia son:

Blancas:

  • Albariño, la uva reina de las Rías Baixas. La podemos encontrar también en Ribeiro, IGP Morrazo, Miño.
  • Godello: podemos encontrarla en Valdeorras, Ribeiro, Rías Baixas y Monterrei. También hay presencia en el norte de Castilla.
  • Treixadura: variedad reina del Ribeiro. Podemos encontrarla en Rías Baixas y Monterrei.
  • Loureira: Ribeiro, Rías Baixas y muy presente en el norte de Portugal. Destaca por su delicado aroma a laurel, de ahí su nombre.
  • Caiño blanco: Rías Baixas y un poco en el norte de Portugal.
  • Palomino: fue muy abundante en el Ribeiro, plantada masivamente después de la filoxera, muy productiva, pero responsable de vinos planos y sin identidad. Poco a poco se va sustituyendo por variedades más nobles.
  • Torrontés: presente en Rías Baixas y Ribeiro en mayor medida.

Uvas tintas:

  • Mencía: muy abundante en Ribeira sacra, Valdeorras y Monterrei. Frecuente en los vinos del Bierzo y de presencia limitada en Asturias.
  • Sousón: Se cultiva en las denominaciones de origen Rías Bajas, Ribeiro y Valdeorras.
  • Brancellao: presente en Rías Baixas, y con la que se elaboran vinos muy interesantes en Ribeira Sacra y Valdeorras.
  • Espadeiro: se elaboran vinos muy balsámicos en Rías Baixas.
  • Caiño tinto: presente en Rías Baixas y Ribeiro.
  • Garnacha: presente en algunos viñedos de Valdeorras, pero no autorizada por dicho organismo regulador.

A partir de estas uvas, se elaboran otros productos, como son las aguardientes -muy famosa la del Ulla- y algunas del Ribeiro y Rías Baixas. Desde 1989 existe un Consejo Regulador de la IGP Orujo de Galicia que ampara y regula la producción de orujos y licores.

También cabe mencionar la creación de vermouths mezclando vinos base gallegos con destilados, zumos y licores, como es el caso de los siempre presentes licor café o licor de hierbas o de orujo de las sobremesas, que aportan otra opción más en el mercado de bebidas hasta hace poco dominado en exclusiva por las multinacionales.

Los vinos gallegos en la actualidad. Retos y oportunidades futuras

Las instituciones gallegas, tanto la Xunta de Galicia como la Consellería de Medio Rural, apoyan de diferente manera mediante diferentes planes, el desarrollo de la industria del vino en Galicia, del que dependen cerca de 15,000 familias de manera directa y otro tanto de manera indirecta.

La industria del vino está siendo objetivo prioritario FEADER debido a la contribución a la fijación de población en medios rurales, la alta demanda de mano de obra, la preservación del medio ambiente y de los bosques y por ser, además, un producto que no sólo se exporta, sino que los consumidores cuando lo degustan y les satisface, se suelen documentar sobre la zona productora, quedándose entusiasmados sobre la oferta cultural gallega, convirtiéndose en el pretexto perfecto para visitar la región en sus vacaciones. Se relaciona de esta forma, al igual que hacemos en albariño.com, la oferta vinícola, turística y gastronómica.

Hoy en día 1 de cada 5 botellas de vino gallego se exporta, a unos precios por encima de la media nacional (a pesar de ser la mayoría vinos jóvenes), constituyendo una fuente de ingresos estable y diversificada para las empresas del sector. En el año 2018, el aporte al PIB gallego fue de más de 200 millones de euros.

Los retos a los que se presenta el sector del vino gallego, son desafiantes; la población cada vez más envejecida que encontraba en el campo su fuente de ingreso principal, paulatinamente deja de trabajar las tierras. Las fluctuaciones de los precios y de las rentabilidades, hacen que algunos de los minifundios se abandonen, al no existir dicho relevo generacional, pasando al abandono cepas cuidadas con mimo durante muchas décadas, con un tremendo potencial de calidad, gracias a la adaptación y desarrollo del sistema radicular de las vides.

Existe la amenaza de que la liberalización de los derechos de plantación a nivel UE, puede producir una sobreoferta en pocos años, con la consiguiente caída de precios, y abandono de minifundios, teniendo un impacto mayor en las economías más frágiles.

El reto es que la sensibilidad de inconformistas viticultores y bodegueros identifiquen dichas parcelas y les den el trato que se merecen para elaborar vinos “con identidad” donde se preserve un valor añadido que puedan constituir una salvaguarda para esos viñedos.

Las fortalezas pasan por preservar la autenticidad, el valor y la originalidad de los vinos elaborados con variedades autóctonas gallegas, haciendo productos diferentes, con un cuidado del viñedo exquisito, tomando como ventaja la facilidad del control de parcelas más pequeñas. Todo ello pasa por seguir recibiendo el apoyo de las instituciones y organismos para certificar la calidad y así mantener la actual ventaja competitiva.

Las asociaciones de bodegas, cooperativas, consorcios de exportación y organizaciones públicas constituyen un vehículo de gran potencial para implantar las marcas gallegas en el exterior, con precios convenientes, debido a las grandes barreras de entrada de algunos países con las que hay que lidiar, fundamentadas en algunos casos en altos costes de representación y comercialización.

Una de las esencias de la UE, es la protección y preservación de la naturaleza. Por este motivo, pone el foco en el control de prácticas en viñedo con consecuencias negativas para el medio ambiente. Así, el uso de pesticidas, abonos y otros tratamientos están constantemente siendo investigados.

Por un lado, los viticultores tratan de hacer un cultivo mínimamente invasivo, para producir fruta más limpia, honesta y pura, en una lucha constante por la autenticidad, respetando lo que la naturaleza nos da. Todo ello, impulsa, y requiere, una profesionalización de la viña, una mejor planificación, el desarrollo de tratamientos alternativos como la lucha integrada y un uso más racional de químicos.

El cambio climático es una gran amenaza global; se cree que, en Galicia, los efectos en la vid serán menos severos que en otras zonas vitinícolas de España, dado que los registros de temperaturas medias y precipitaciones de los que partimos tienen cifras con margen de agravamiento. En el hemisferio Norte, cada vez se plantan viñedos en latitudes más septentrionales, buscando temperaturas más frescas y una maduración más lenta de las uvas, preservando mejor los aromas y sabores de la uva. En Galicia tenemos un claro ejemplo en la subzona del Ulla y el desarrollo de nuevos viñedos en la zona de Betanzos. Pese a la longevidad de algunos viñedos en estas zonas, hace pocos años, la apuesta por ellos era casi impensable debido a las condiciones climatológicas adversas.

Los patrones de consumo de vino en España han cambiado mucho; desde los cerca de 70 litros per cápita en los años 70, a los cerca de 13 litros per cápita al año en la actualidad. Cabe destacar que se bebe menos, pero de más calidad. Galicia, está un 10% por encima de la media nacional en cuanto a consumo per cápita y ocupa la 4ª posición en el ranking nacional, ligeramente por debajo de País Vasco, Asturias y Baleares, en gran parte influenciado por el turismo[2].

Los divulgadores a través de asociaciones privadas, así como las escuelas de hostelería que se implantaron en Galicia hace más de 20 años, han contribuido de manera decisiva a la mejora de la valoración de los vinos, su servicio, conservación y ampliación de maridajes, hace años, impensables.

Y por último el enoturismo, es la gran joya de la industria vinícola Galicia, donde no paran de crecer los registros de visitantes, y el que aún tiene mucho recorrido. El turismo termal, cultural, gastronómico, paisajístico y como no, el Camino de Santiago, constituyen una ristra de elementos que, sabiamente combinados, pueden generar grandes palancas de crecimiento en la economía gallega, y dar alas a competir con otras zonas de renombre mundial como Barolo, Champagne o Napa, entre otras.

[1] https://www.lavozdegalicia.es/noticia/mercados/2019/03/31/viva-vino/0003_201903SM31P7991.htm

[2] https://www.vinetur.com/2018031946591/el-gasto-de-vino-por-habitante-en-hogares-de-espana-crecio-un-24-desde-el-ano-2008.html